Ahora sentía la necesidad de apartarse de todo el mundo, de alejarse de las emociones y centrarse en la realidad. De romper con todo aquello que formaba parte de su vida y permanecer durante un tiempo solo, solamente con el mismo. Sentado de madrugada en una silla blanca de la azotea, miraba al interminable cielo mientras se daba cuenta de que cada vez valoraba un poco menos cada elemento que formaba parte de él. Se leía a el mismo, sus emociones, sus pensamientos para intentar saber que explicación racional le podía dar a su respuesta emocional. El problema era que cada vez creía menos en las emociones y se centraba en la radicalidad de la realidad.
PD: Las cosas no están donde queremos que estén solo porque queramos que estén ahí. Aunque pueden no estar donde debieran.

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