26 de abril de 2011

Aceptado

Y aquí estoy con mis 19 años a punto de salir a relucir, dispuesto a plasmar toda mi "maldad" en esta entrada. Pongo maldad entre comillas por que no me refiero a una maldad pura. La razón es meramente documental, acreditativa... que me sirva como prueba para cuando en un futuro supere esta disposición recuerde que formo parte del grupo universal de la imperfección El tema es que a raíz de la lectura de un libro, estoy avistando algunos tipos de conductas en el proceder social común, que no se ajustan a mi forma de ver la vida. Hoy por hoy, una de las cosas que mas me cuesta en la vida es la siguiente: todo el mundo es bueno hasta que se demuestre lo contrario. 


Me cuesta por no decir que me resulta imposible que  aunque se demostrarse, siempre habrá circunstancias concretas o causas reales que justifiquen de de un modo u otro aquellos actos considerados perversos.  Mucha gente ha podido tener un padre alcohólico o violento, una infancia con algún que otro trauma, un mal día o un chicle pegado en el zapado. Es lógico pensar que nadie es malo solo porque sí. Lo suyo seria decir que todo el mundo prefiere el diálogo antes que la violencia aunque aveces no hacen falta que las cosas estén muy mal para que lleguen a ella. Casi siempre he estado orgulloso de las relaciones sociales que se han ido consolidando a lo largo de mi vida porque la gran mayoría de al gente que se ha cruzado en mi camino ha sido bastante maravillosa, sin embargo, desde hace ya un tiempo las cosas han dado un giro de 180 grados. 


Por circunstancias de la vida por casualidad o por razones que no vienen al caso, he topado con personalidades que bien podrían encajar en los margenes definitorios de la palabra miserable. Cierto es que por una parte me gusta ser así y no quiero cambiar y por otro lado lo agradable es no ser desconfiado, ni pensar mal de la gente, ni tener prejuicios. Pero cuando nos golpeamos de frente las narices los reflejos reaccionan solos y se ponen en defensa para evitar un nuevo choque.


PD: Aun no he sido capaz de analizar sus pensamientos y acciones para descubrir en qué punto su existencia se vio truncada por una mala experiencia que pudiese dar lugar a dicho comportamiento.

5 de abril de 2011

Interior

Hace unos días pasé uno de esos momentos mas cruciales en la vida cuando después de una larga, penosa, y fracasada búsqueda el final del túnel te golpea en le frente e ilumina de frente toda tu ignorancia. Entonces, espabilas y acabas por entender te habías metido por el camino opuesto y marchabas de espaldas a la verdad. De frente pero con los ojos cerrados y sin ver las direcciones. Intentar explicar con todo detalle o sin exactitud necesaria lo que está ocurriendo en mi vida desde hace unos meses sería como describir uno a uno los ladrillos de una casa en construcción. 
Sin embargo, si lo pensamos mejor, es lo que mas o menos he estado intentado desde que abrí este blog, no sé si con exito, pero sí con intención. No es por ser alarmantes pero tengo la sensación de que todo va mas deprisa o de que yo no disfruto las cosas en su importancia. Mi vida ella sólita y sin permiso de nadie se precipita vertiginosamente hacia algún lugar, y yo como el que oye llover me estoy dejando llevar hacia donde quiera que vaya.

4 de abril de 2011

Mientras tanto.

Nunca nos olvidaremos ni dejaremos de mencionar con cierta alegría todas esas miradas que atraviesan nuestra dura coraza o de aquellas huellas que que marcaron y reflejaron ese camino... Pero, ¿qué pasa con todo lo demás? Las cosas que no vemos y que ni si quiera tenemos conciencia de ellas, los ceros a la izquierda o la gente que nos resulta insignificante. Sin dudarlo en proporción son mayores en relación con los demás y, aunque sean precisamente estas cosas las que hacen que las otras sean excepcionales, nadie se digna a hablar de ellas. 


Escribo todo esto para echarles una mano, para declarar en su favor y darles un buen trozo de importancia y honrar el papel de las miles de personas insípidas que cruzan nuestra existencia.  Es más. Les hablaré de algo todavía peor. De lo duro que significa ser ridículo incluso la mas pura mota de polvo en la vida de otra persona. Eso si es algo duro y difícil. Ser consciente de que algunas personas cuestiones nuestra cualidad de ser únicos en la vida y nos reduzcan al papel de gente que vemos cruzar por la calle. Por suerte por un momento todo puede dar un vuelco, como cuando el final de una película comienza a dislumbrarse.


 El momento en que realmente sabemos cual es nuestro personaje, cual nuestra forma de actuar, nos deshacemos y nos quitamos de todo afán de protagonismo y somos libres de crear nuestro propia personaje y dotarlo de la interpretación que se nos antoje. Porque sólo quien quien acepte con las mas pura normalidad ser un contacto mas en una lista de amigos, o el que aguante sin derrumbarse un papel sin fornicación de los demás, será finalmente una persona libre.