2 de noviembre de 2010

Chocolates

Reaparecen cuando el duro frío de cada invierno vuelve a adentrarse por debajo de las puertas y por los resquicios de las antiguas ventanas del salón. Calientan esas finas manos que, sin guantes, buscan algún resto calor del pasado verano en cada rincón de esa pequeña habitación, pintan esos graciosos bigotes de un tono marrón que consiguen esbozar pequeñas aunque necesarias sonrisas cuando son vistas en el reflejo de un espejo. Acompañan muchos días de otoño y de invierno que, entre tazones, pasan más desapercibidos.


PD: Ya sean bailes de gatos en la madrugada de una perdida ciudad como espectáculos de ardillas al medio día en un conocido parque de una gran ciudad. La casualidad de encontrarme en el lugar donde ocurre algo inesperadamente único me fascina cada día más.

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