Nos pasamos la vida buscando un amor que apague el fuego que hay en el interior. Nos conformamos por momentos con las personas que pasan a nuestro lado, creyendo que su amor colmará las ansias y que acabará la búsqueda, pero después comprobamos que el otro es uno que también busca, y que tiene las mismas deficiencias y carencias que nosotros tenemos. Ponemos el anhelo en las cosas materiales que compramos y disfrutamos y que nos entretienen, pero el fuego no se apaga con ellas. El placer del calor en el fuego, no es excluyente del dolor tras la herida de la quemadura, pero tarde o temprano la quemadura se esfuma. Poco a poco, todo vuelve a la normalidad, y lo que ayer me resultaba tan angustioso, ahora no es más que un mero recuerdo agridulce. Cada cosa se acaba posicionando en algún lugar, quizás no en el que esperaba en un principio pero he de admitir que no puedo quejarme.

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