17 de agosto de 2010

Al sur

Hace unos días estaba discutiendo con un amigo sobre si prefería el verano o el invierno. Cada uno daba sus razones, que si el invierno es frió y triste y en el verano descansas mas y todo lo que se suele decir. En mi opinión y pienso que para poca gente, prefiero el invierno. Sí, es raro, pero me gusta el invierno. No digo que no me guste disfrutar una noche cálida de verano tomando el fresco en una terraza, eso es algo que también me encanta, pero el invierno es mi preferido. Después de esa conversación y de pasar horas sufriendo el calor de Córdoba parece que la casualidad se pasó por mi lado y dio un guiño irónico.



Irónico porque hoy en pleno mes de agosto el cielo amaneció algo nublado, pero aún así decidí ir a la piscina y el sol asomaba timidamente.  Finalmente a las 10 de la mañana la tormenta de verano estallo. Fue entonces cuando decidí dar un paseo sin compañía de paraguas. Por raro que parezca cerré los ojos y me pareció estar viviendo un invierno en agosto, las calles en silencio, solo el ruido de las gotas, el olor a tierra mojada, una leve brisa que te acaricia a la vez que te despeina, el susurro del agua llegando a las alcantarillas. Todo eso es el invierno, y dejando atrás su enfermizo frío, por cosas como esas me enamoré de el.

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