16 de agosto de 2010

De-Regreso

En ningún otro lugar como en tu hogar para recargar las pilas. He vuelto a mi casa para pasar unos días antes de dejarla otra vez para disfrutar del resto de mis vacaciones. Pero, para mi, el mejor sitio para descansar y dejar atrás las preocupaciones es el sitio donde te has criado. Lo caótico de la despensa donde están los dulces cuando buscas algo para la merienda. Las conversaciones de tus vecinas del barrio, mientras te dicen lo guapo y alto que te has puesto desde que no te ven. El agradable saludo de las personas conocidas que te cruzas por la calle. La vista de la gran calle larga y del patio que se ve desde casa al asomarte a la ventana. El olor a verde que trae la brisa de la mañana. Son millones de cosas. Anoche me dio por salir a la azotea y ver las estrellas, y me di cuenta de que casi había olvidado lo maravilloso de un cielo estrellado en una fresca noche de verano.
 

Ahí, tirado en el suelo rojo y rayado de mi pequeña azotea, sentí hasta una pequeña sensacion de comodidad, en ese mismo momento me acorde de tres de mis mejores amigos y admiraba la estela de la Vía Láctea y lo mágico de la cola de la Osa Mayor en el punto central donde se esconden dos estrellas. Y de pronto en una de las leves cabezadas, una estrella fugaz cruzo el cielo, sirviendome la oportunidad de regresar a la inocencia y pensar deseos con los ojos apretados. Es curiosa esa sensación de que, pese a estar en la calle a las tantas de la noche, te sientas cómodo y tranquilo, sí, como en tu misma casa. Olvidaba estas sensaciones por llevar tiempo fuera sin regresar a casa. Me gusta estar aquí para, como quien dice, regresar a mis orígenes y saber que lo que hoy soy, es por esta tierra y esta gente que la habita. Y me siento bien porque como en casa y con la gente que te quiere, en ningun sitio.

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