20 de septiembre de 2010

Escenarios diarios

No siempre hay una mano a la que agarrarse cuando sin esperarlo aparece el miedo. Soy una de esas personas que son algo dependientes y que grita bien alto libertad, individuo poco solitario que, en realidad, no entiende tanto como cree sobre lo que resulta ser la soledad. 


Soy mucho agarrar y valerme con los poco pedazos hasta el final, de querer y apreciar mejor la felicidad si siento que la comparte, de querer comunicar y contar la tristeza a oídos muy concretos, de caminar y charlar con poca tranquilidad si, al parar, puedo escuchar el eco de otros pasos. Que el saber la cercanía de los míos me evita muchas piedras del camino.

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