22 de septiembre de 2010

A la vista.

No son pocos aquellos que rebuscan un hilo de luz entre las capas de oscuridad y niebla que a veces asaltan el medio de nuestro presente. Mientras algunos esperan, ansiosos, que alguien cierre el telón para llegar al próximo acto, otros optan por llenarse de esa inestabilidad, de ese desequilibrio que, aunque nuble por momentos todo nuestro horizonte, nos hace sentir raramente tenues en aparecer el primer hilo de luz por entre el sombrío paisaje. 



Y es que no hay felicidad más cierta y real que el ser consciente de que tu mismo has sido el impulso de tus huellas, el pintor de tu camino. No estoy del todo seguro de si lo que me ilumina es la luz o lo que la luz ilumina. De si encender las bombillas de la habitación resulta ser andar con los ojos cerrados, que prevalezca la oscuridad entonces. Si el dejar la entrada a los rayos de sol por entre las rejillas de las persianas es ver todo aquello que me oscurece, que nos desborde toda la sombra.

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