28 de abril de 2010

Como hielo ardiendo.

Habéis oído esa frase que dice "La ficción supera la realidad" pues bien, hoy la cambio. "La desesperación supera la paciencia". Estoy quemado. Y es que hace tanto calor que todo se me queda pequeño, el calor está derritiendo las pocas ideas nitidas que quedan en mi cabeza. Hoy ha sido el día en el que mi resistencia ha quedado muerta en combate y nadie se ha dignado a recoger los pequeños pedazos que quedaron por el suelo de la realidad. No me han derrotado, yo me he roto. No puedo dar mas. He sobrepasado el límite de lo conocido. He dado un salto a lo imposible, siempre en el contexto de la paciencia y el aguante, hasta que de tanto forzar este pequeño sinsentido se ha desquebrajado.

Lo peor de todo es que no solo se ha roto esta parte de mi, sino que se ha llevado con él partes que estaban dormidas y amansadas y ha traído aromas de indiferencia que sin quererlo inundaron mi cabeza de pequeño desorden. Si chicos, habéis oído bien INDIFERENCIA, esa sensación de que ya no te importe nada, de que todo es todo y de que todo es nada. Digamos que yo pertenezco al tanto por ciento de que todo es nada. Lo que me queda o lo poco que tenga a estas alturas no me importa.

Ha llegado a tal nivel que me he es indiferente la introducción, el nudo y el desenlace. Se rompieron los hilos que sujetaban mi mente y que la hacia mas o menos cuerda, las palabras se perdieron porque se soltaron de la mano de  las formas con la mala suerte de que la razón no los vigilaba. Sin razón sin palabras sin formas y con la paciencia rota, pero me queda la indiferencia que ayuda a guardas todos los sentimientos bajo llave para que no afloren a la piel. Cuidado, hay un paso mas después de la indiferencia y es el absurdo hacia lo demás que tarde o temprano desencadena en un odio, lejos queda de aquella paciencia rota amigos.

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