20 de abril de 2010

Suena demasiado bien.

Y de pronto, la vida te da una hostia, una hostia de las buenas justo cuando no te lo esperabas justo cuando te habías vuelto a convencer de que se está muy bien por aquí. La vida te reta y te dice: "y ahora, qué?" desafiante, clavándote la mirada y tú debes responder, sin devolverle el golpe, continuar, levantarte, encaramarte a las ruinas, demostrar lo que has aprendido en estos últimos 18 años, debes continuar, avanzar como si nada hubiese pasado y acordarte de respirar, que a veces se olvida, y darte cuenta que tus prioridades han cambiado y darte cuenta de que ya te importa una mierda que no te reconozcan como crees que te mereces, te importa una mierda el no tener tiempo para estudiar, los exámenes de final de curso, el no poder independizarte, te la suda completamente las personas que les diste otra oportunidad, tu ropa. Tienes que ponerte en pie como puedas, recoger lo que se ha caído y avanzar, y seguir con la vida normal, y seguir sonriendo y continuar. Y continuar. Se comenta por ahí que la vida es precaria y preciosa.


"Mira, qué quieres que te diga, a estas alturas ya no aguanto ni los sinsentidos ni a los consentidos. Y me va muy bien"

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